Viticultura Orgánica

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by Alfonso Rochin

Cada vez es más común encontrar en las etiquetas de los vinos los términos: orgánico, biodinámico, natural o mínima intervención. Cada uno de estos refleja, o debería reflejar, distintos estilos de vino, técnicas de viticultura y de vinificación. Sin embargo, no siempre se respeta, quedando al final como un simple término de mercadotecnia, generando confusión en el consumidor a la hora de comprar. 

La vitivinicultura orgánica se caracteriza por no usar sustancias químicas en los viñedos ni en la bodega, en el biodinamismo se involucra además una cultura autosustentable, con una visión holística, considerando el viñedo como un organismo dejándose guiar por los movimientos de la luna, el sol, la tierra y los planetas. 

La agricultura orgánica y biodinámica se ha puesto “de moda” en los últimos años y cada vez toma un mayor auge. Pero, más allá de la moda, refleja el interés de los productores, por preservar un ecosistema natural, saludable y autosustentable, que les ayude a obtener fruta en mejores condiciones con mínima intervención y, por lo tanto, ofrecer al consumidor productos bien elaborados con un buen nivel de calidad. 

Por desgracia, en México aún no contamos con normas bien establecidas que regulen estas prácticas, sin embargo es necesario contar con una certificación para poder poner en su etiqueta la palabra “orgánico”, lo que orilla a los productores a buscar certificaciones extranjeras que los avalen, siendo pocas las bodegas que han logrado conseguirlas, tal es el caso de Casa Madero quien, según la información publicada en su página oficial,  en 2012 obtuvo una certificación avalada por la BCS KIWA Okö, una empresa de origen alemán, que apenas en 2016 fue aprobada por el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) como organismo de certificación de productos orgánicos en México, dato obtenido directamente de KIWA. Otro ejemplo reconocido por la revista Food and Wine como el único vino orgánico y biodinámico en méxico, es Viñas del Sol, que en 2012 obtiene la certificación orgánica por la California Certified Organic Farmers (CCOF), una agencia acreditada por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y la bodega Santos Brujos con certificación Demeter en 2013, basada en el Reglamento Europeo de Agricultura Ecológica.

En realidad, son pocas las bodegas que cuentan con algún reconocimiento oficial de esta índole, sin embargo, cada vez hay más interés por parte de las nuevas generaciones por fomentar las prácticas orgánicas, algunos de ellos con vistas de obtener estas certificaciones. 

Pero como todo en la vida, esta moneda también tiene dos caras, teniendo por el otro lado, algunos productores que no se apegan a los principios de la agricultura ecológica y aun así se comercializan sus vinos como orgánicos, por el solo hecho de producir vinos con mínima intervención, pero sin respetar el terruño. También, tenemos a aquellos que quieren justificar algunos defectos en sus vinos, solo porque realizan prácticas orgánicas, lo que ha llevado a la falsa creencia de que los vinos orgánicos tienen que ser vinos “funkies”, siendo que existen muchos vinos orgánicos europeos de calidad superior.