Fer Parra

de Pouya Wines

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Fer Parra es una enóloga baja californiana de hueso colorado, una mujer que ha logrado integrar su creatividad nata con la sabiduría científica que ha logrado desarrollar a través de los años.

Dedicó más de 10 años de su vida a la química, antes de decidir cambiar completamente de giro su vida. Fer empieza a conocer el vino por curiosa, virtud que la caracteriza a lo largo de su carrera. 

Comienza, como muchos mexicanos, por la cerveza, conociendo las cervezas artesanales que distinguen a esta zona – ella misma dice: “yo era la loca de las cheves raras,” hasta brincarse a descubrir el vino. 

En una tarde familiar, entre vinos y platicas domingueras, le siembran la idea de profesionalizarse en la industria del vino; días después, gracias al apoyo e impulso indiscutible de su padre y el resto de su familia, Fer ya estaba aplicando para ingresar a la Maestría en Enología y Viticultura en Francia, investigando las oportunidades de beca de organizaciones mexicanas y haciendo sus maletas para adentrarse de lleno al vino, siempre con la intención de regresar a casa. 

Estando en Europa trabajó como encargada de un laboratorio de primera, en una vinícola en Sicilia. El laboratorio estaba tan completo que los alumnos de las universidades iban a hacer sus pruebas ahí. Luego, al terminar su ciclo en Sicilia, toma camino para Friuli – al norte de Italia – donde conoce una perspectiva de campo diferente, la agricultura orgánica y biodinámica. En esta zona agrícola es común encontrar estas prácticas. 

Es así como continúa su desarrollo llegando a una experiencia nueva en Vezelay, un pueblo pequeñito al norte de Borgoña en donde la mayor parte de la producción es dedicada a la Chardonnay. Aquí es donde le tocó hacer de todo, por lo que aprendió brutalmente y logró desarrollar aptitudes para la elaboración del vino. 

Su regreso a México fue hace aproximadamente hace 5 años y llegó con toda la intención de trabajar en su tierra. La vida le tenía destinado trabajar de lado de uno de los personajes con mayor importancia en la historia del vino mexicano: Camillo Magoni. Luego de tres años decide tomar su propio vuelo con mucho entusiasmo, ilusión e ideas innovadoras logra fundar Pouya Wines, siempre con el apoyo incondicional de su familia. 

¨Es mi proyecto y mi producción va a ser muy pequeña, a quién le guste qué fregón¨ dice Fer Parra cuando me empieza a explicar el estilo de sus vinos. Tiene muy buena relación con su viticultor – Olegario Sandoval – y busca tener una producción que exprese de manera honesta la tierra de donde vienen. 

Fer se emociona cuando habla de sus vinos, trabaja con Chenin Blanc y Grenache, ambas de viñas viejas, utiliza levaduras con certificación orgánica y procura intervenir lo menor posible en sus vinos. Busca que cada uno de ellos sean vinos sanos y limpio, utilizar nuevas técnicas, pero antes que otra cosa: respetar los aromas naturales de cada varietal. 

Pouya Wines tiene una producción aproximada de 3 toneladas en total, de donde se producen: burbujas, vino naranja, tintos y un rosado estilo provenzal. La cosecha de las uvas que utiliza suele ser semanas antes que el resto de los productores, porque busca que exista acidez necesaria en sus vinos. 

El nombre no es tan convencional, por lo que al preguntarle me contó que proviene del apodo que le daban a su bisabuelo quién fue un francés que, además de ser científico, se enamoró de la Baja e impulso el comercio en el Estado. Es así como Pouya Wines se convierte en un homenaje a sus raíces familiares y mantener la tradición de ser ¨cientificos locos¨ en Baja. 

No dejen de seguir a Pouya Wines y a Fer Parra, que como me cuenta, 2021 viene muy divertido, esperen probar: Pet Nat, un blanco de Cinsault y el naranja se mantiene en la línea.